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Cròniques
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1a PARTE: RAID SAMARKANDA (ASIA CENTRAL Y TURQUÍA) Acabábamos de hacer la Ruta al corazón del Asia Central. Habían sido seis semanas intensas a través de las estepas de la antigua Unión Soviética, convertidas ahora en estados de difícil pronunciación y desconocidos en su gran mayoría por los habitantes de la Europa occidental, así Kazakhstan, Uzbekistan o Turkmenistan fueron recorridos con nuestros 4x4 en una expedición, que a pesar de tener los habituales problemas de averías mecánicas y algún contratiempo concreto, fue ejecutada con brillantez por los participantes que tuvieron la osadía de realizar esta aventura.

 

RUMANIA, MOLDAVIA, UCRANIA, RUSIA Y KAZAKHASTAN La Expedición de Territori 4x4 empezaba teóricamente en la población ucraniana de Donets’k, pero en la práctica todo el grupo salimos juntos desde Rumania, desde donde cruzamos de forma bastante cómoda a Moldavia, Ucrania, hasta llegar a la frontera con Rusia, donde fuimos examinados y suspendidos de ruso hasta que al final y soltando algunos rublos, logramos aprobar y nos dieron el pase hacía Astrakan, a orillas del legendario Volga. Intentamos llegar a la desembocadura del río en el Mar Caspio y estuvimos recorriendo por pistas pequeños afluentes y canales que nos demostraron cuan grande es el Volga y su delta. En Rusia sólo recordamos a su policía cobrando bajo mano unos cuantos rublos por infracciones que eran tan injustas como burlescas para con los “infractores”

Por fin tras sortear los obstáculos policiales rusos, entramos y de forma mucho más fácil a Kazakhstan, donde unos cementerios de exquisitas formas nos dieron la bienvenida a sus inmensas estepas. Nos encontrábamos a escasos diez kilómetros del Mar Caspio y decidimos acercarnos, allí pudimos contemplar como unos verdaderos camellos de dos jorobas beber de sus poco salinas aguas, un poco más adelante rebaños de ovejas, vacas y caballos también engullían de ese precioso líquido.

abandonamos la Europa física para entrar en Asia, eso es al menos lo que indicaban unos paneles situados a uno y otra orilla del río.

UZBEKISTAN Acampamos cerca de una vía de tren que conducía pasajeros hasta el nuevo país que íbamos a descubrir, Uzbekistan, donde conocimos nuestros guías que nos facilitaron la rápida entrada en su país. Comimos en una pequeña aldea embutidos, pan y fruta que la organización nos obsequió. Tras el ágape nos dirigimos al desertizado Mar de Aral, un error de la Naturaleza según los soviéticos que por ese motivo lo desecaron, dejando al descubierto las miserias del ser humano. El barro que estaba cerca de la poco agua que aún quedaba, se cobró en forma de quedada algún que otro 4x4 del grupo. Acampamos en un mirador magnífico desde donde se podía contemplar lo que quedaba del que otrora fue inmenso mar.

Al día siguiente realizamos una navegación con los 4x4 por la arena de lo que hace pocos años era agua salada y los restos de buques oxidados, es el recuerdo más agradable de ese patético lugar creado por el hombre en su afán destructivo.

Mientras navegábamos por las secas arenas del Mar de Aral, tuvimos la primera avería de consideración, la rótula de una rueda delantera se rompió y gracias a que estábamos por arena el coche se detuvo a los pocos metros, nuestro equipo de mecánicos con la ayuda de un soldador local pudo reparar la rotura en unas pocas horas, agrupándonos todos por la noche en el Hotel de la ciudad.

En el Mar de Aral, tuvimos la oportunidad de fotografiar algunos barcos pesqueros abandonados desde hace años que demuestran la actividad que tenía ese puerto, convertido ahora en museo del recuerdo a la locura humana.

Salimos del Hotel tras desayunar para enfrentarnos con otro nuevo reto, atravesar las dunas y arena roja del desierto del Kizil Kum, con antiguas fortalezas que se remontan al tiempo del Zoroastrismo, en medio de un calor sofocante que sólo provocaba sed entre todos los participantes de la expedición. Tras dos días de navegación por las calientes arenas del treceavo desierto más grande del mundo llegamos, no sin alguna dificultad a nuestro campamento de yurtas o cabañas uzbecas en plena estepa siberiana, este lugar fue el preludio de otros paisajes muy bellos, que se iniciaron en un sorprendente y cercano lago que por sus dimensiones parecía un mar de aguas tranquilas.

Por fin alcanzamos Samarkanda, mítica ciudad que yace rodeada de campos de amapolas coloradas y blancos copetes de algodón sobre las montañas del sur de Uzbekistán.

Sus antiguos moradores realzaron con magníficos edificios la importancia que su estratégica posición significaba para las rutas comerciales entre Oriente y Occidente, así enormes y bellas cúpulas de azul turquesa en majestuosos edificios medievales, que aún hoy en día siguen formando parte del paisaje y obligando a los turistas que allí llegamos a no cesar de buscar la mejor foto posible para inmortalizarla posteriormente en nuestros albums. Visitamos con autobús la ciudad y pudimos ver sus monumentos, cuya arquitectura representa fielmente el arte islámico del Asia central, especialmente en la Plaza del Reguistán, la Necrópolis y el Mausoleo de Tamerlán.

A Samarkanda le siguió la visita de otra de las ciudades más hermosas de nuestro viaje, Bukhara, declarada por la UNESCO Patrimonio de la Humanidad, un punto estratégico durante de los tiempos de la Ruta de la Seda, no sólo por su comercio, sino por la espiritualidad e intelectualidad que en ella reinaba. Sin duda el conjunto arquitectónico de Kalián con su increíble minarete-atalaya, que el mismo Genghis Khan maravillado por su altura y belleza renunció a demolerlo cuando destruyó la ciudad en 1220, son verdaderas bellezas que intentamos desde todos los ángulos posibles guardar para no olvidarlo jamás, en forma de fotografías.

TURKMENISTAN Abandonamos la amabilidad de las gentes de Uzbekistan para entrar en uno de los países más enigmáticos de nuestra ruta, Turkmenistan, una frontera en la que gracias a los magníficos colaboradores de Territori 4x4, no tuvimos que hacer prácticamente ningún trámite y fue relativamente cómoda el pasarla. Todo lo contrario de un pontón provisional sobre el río Amu Daria donde perdimos dos horas de burocracia por triplicado, se notaba que pocos eran los turistas que allí llegaban, al final llegamos a nuestro hotel de Turkmenabat donde nos alojamos esa noche.

Nuestro gran reto en Turkmenistan era atravesar el Desierto del Kara Kum, por las arenas negras que en algunas partes del mismo existen. Tres noches por dunas y arena, donde la Organización remolcó más de 300 Km. uno de los 4x4 que rompió el radiador, exhausta proeza que terminó bien, ya que el coche averiado pudo reemprender su marcha una vez reparado en un taller de la ciudad más próxima, situada a 500 Km. del punto de la avería. La Puerta del Infierno fue el colofón perfecto para ese desierto, un cráter de fuego, que hace más de 50 años arde provocado por las emanaciones de gas metano que fluyen sin parar y que obligaron a sus creadores a encender para no incrementar más los problemas en la región.

Ashgabat, sin duda nos alucinó y sorprendió positivamente a todos. Recorrimos en autobús una moderna preciosa e impresionante ciudad que nada tenía que envidiar a Abu Dhabi, el fin de la visita se cerró en una gigantesca y desértica mezquita y en cuyo interior se gastaban más kilofrigorías en enfriarla que en 100000 casas del resto del país, todo un derroche de la dictadura que gobierna este rico país.

600 kilómetros de asfalto nos condujeron hasta Turkmenbashi, ciudad portuaria a orillas del Mar Caspio. Nuestra entrañable y buena guía Karina logró de forma magistral y mucho más rápidamente de lo previsto, facilitar nuestro embarque en un carguero, azerbaijano algo oxidado y poco lujoso, que tras más de 24 horas de lenta navegación alcanzó la costa de Azerbaijan.

AZERBAIJAN Y GEOGIA: DEL CASPIO AL CAUCASO A pesar de la lentitud del “barquito” llegamos a Bakú, un día antes de lo previsto, lo que nos permitió una relajada visita de la ciudad, declarada por la UNESCO Patrimonio de la Humanidad.

Azerbaijan representó un punto de inflexión en el viaje, la estepa y el desierto dieron paso a la montañosa región del Cáucaso, bellísima y verde, frontera entre Europa y Asia al sur de los Urales. El segundo día en este país, visitamos unos singulares volcanes de barro que se situaban en un paraje al lado de los innumerables pozos petrolíferos que circundan su capital.

En nuestra segunda noche en esta ex- república soviética nos alojamos en un reconstruido y encantador Caravansarai, donde antaño pernoctaban los mercaderes con sus caravanas de camellos.

Georgia, nos dio la bienvenida con un paso fronterizo simple y rápido, acompañado por la amabilidad de los agentes que allí trabajaban. Enclave cristiano entre países islámicos, Georgia es un país hermoso y montañoso a caballo entre los mares Negro y Caspio, su capital Tbilisi, aunque de corte soviético, es una de las más bonitas que visitamos, paseamos por sus callejuelas y pudimos ver las casas colgantes sobre el río Mtkvari, un precioso barrio medieval con engalanados balcones de madera y muchas iglesias ortodoxas rematadas por una torre redonda de tejado cónico que las hacía parecer idénticas.

Nos alojamos en un Hotel Palacio situado en un barrio que desmerecía el edificio, pero estábamos en tierras ex-soviéticas y estas cosas eran habituales.

La etapa que unía la capital con la frontera con Turquía resultó ser muy entretenida, por pistas entre ríos, lagos y montañas, que ni la tromba de agua que nos cayó logró deslucir, cuando estábamos cerca de nuestro destino una agradable sorpresa en forma de castillo y cuevas-monasterio en una pared de una montaña nos dejaron maravillados a los que allí fuimos.

Tras nuestro breve paso por Georgia, nos prometimos volver con más tiempo porque lo poco que vimos fue tan bonito que nos impresionó a todos. Georgia y Azerbaijan merecen por si mismos un viaje exclusivo y especialmente en 4x4.

TURQUIA: EL KURDISTAN Entramos a Turquía por su extremo más oriental, entre grandes montañas y elevados pasos de carretera, el día era lluvioso, hecho que agradecimos tras pasar tantos días de sol y calor.

Intentamos sin éxito conseguir liras turcas en la frontera, como no era estrictamente necesario seguimos los waypoints por una preciosa carretera hasta llegar a Kars, donde pudimos cambiar y admirar su magnífica ciudadela, del siglo XVI.

Acampamos a menos de dos kilómetros de Armenia y bajo la mirada del monte Ararat que se erguía majestuoso delante de nuestros ojos.

Nos levantamos temprano ya que la etapa de hoy prometía emociones, la presencia de la bíblica montaña nos excitaba y nos alentaba a acercarnos a ella de forma imparable. Abandonamos la carretera asfaltada y siguiendo los waypoints de Territori 4x4, fuimos descubriendo unos paisajes y unas gentes maravillosas. La cima del Ararat se mostró con todo su esplendor durante nuestra visita a sus dominios, fue una experiencia mágica que nunca podremos olvidar, a medida que nos alejábamos de la carretera, por pequeñas pistas de tierra, íbamos encontrándonos con sus habitantes, los kurdos, quienes se desvivían en agasajarnos con sus pocas pertenencias, que materializaban con una taza de té en señal de amistad. Fue realmente no apto para personas muy sensibles, su amabilidad, desde sus maltrechas tiendas de plástico donde malvivían por la situación que mantienen con los dominantes turcos, nos produjo a todos, cariño y respeto por este pueblo tan injustamente tratado, repartido entre Turquía, Irak, Irán y Siria. Les deseo lo mejor porque se lo merecen. Los kurdos no son las personas terroristas como nos hacen ver los noticiarios, son una gente oprimida y muy pobre que los poderes de la región maltratan como personas y como cultura.

Seguimos por pistas que rozaban los 3000 metros y que en alguna ocasión se nos aparecían montañas con nieve, que daban un toque de color a unos paisajes verdes
muy ricos en pastos, donde los pastores kurdos alimentaban sus rebaños de ovejas.

Tras esta sublime lección de humanidad en el Kurdistán, llegamos a un palacio otomano del siglo XVIII, estaba bastante deteriorado, pero que aún conservaba el encanto que en su día tuvo, la panorámica que se podía disfrutar desde este punto suplía perfectamente la deficiente conservación que el edificio tenía.

El fin del día lo puso una acampada a orillas del Lago Van, justo al lado de una pared rocosa que caía hasta sus frías aguas, un lugar muy bello que nos hizo seguir soñando en ese paraíso terrenal que pudiera haber existido aquí en los tiempos de Adán y Eva.

El día siguiente nos amaneció deleitándonos con la idílica imagen que nos brindaba el lago, fue sin duda un lindo despertar. Tras desayunar, nos dirigimos a la ciudad que da nombre al lago, Van, dominada por una ciudadela, que exigió a quién quiso subir a ella un esfuerzo suplementario. Esta fortaleza fue construida como otras que visitamos por el Reino de Urartu. Después de la cultura, nuestros 4x4 se dispusieron a hacer lo que más les gusta, seguíamos en el Kurdistán y cuando alcanzábamos las pistas, el protocolo exigía saludar a nuestros anfitriones que como siempre se mostraban amables y dispuestos a ayudarnos ante cualquier problema que tuviéramos. Fueron unos 50 kilómetros por montañas muy diferentes a las que hicimos más al norte el día anterior, en este caso el terreno era mucho más seco aunque la altitud por donde nos deslazábamos oscilaba entre los 2500 y los 2800 metros. Comimos en un restaurante y como no podía ser de otra forma, frente al Lago Van.

Tras la comida nos decidimos en tomar una pequeña embarcación turística que nos llevo a una cercana isla que tenía como principal atractivo una bella Iglesia armenia del siglo X, la vista desde un pequeño promontorio de la iglesia y el lago valieron la pena el acercarse hasta aquí.

Regresamos al Hotel que se encontraba en un lugar estratégico a orillas del lago, cenamos todos en su restaurante.

Llevábamos muchos días de viaje y el cansancio empezó a asomar entre nosotros, se habían acabado las acampadas y a partir de hoy, sólo estaba previsto dormir en hoteles. Despedíamos el lago Van primero por asfalto y luego por las pistas, y fue al salir de la última pista cuando desgraciadamente rompió un palier y todo el buje de la rueda delantera, tras varias horas de espera una grúa retiró el 4x4 de la circulación y lo trasladó a un taller oficial para su reparación.

El grupo siguió y el río Tigris se cruzó en nuestro camino, allí se comió en un pequeño restaurante que obtuvo el elogio generalizado de todos los que allí almorzaron.

Por carretera y con el pensamiento puesto en el coche averiado que descansaba en una ciudad a 100 Km. de donde nosotros pasaríamos la noche, llegamos a nuestro sencillo pero confortable Hotel para pasar la noche.

La mañana siguiente visitamos Mardin, una ciudad construida en tonos claros, levantada en la ladera de una montaña bajo la atenta mirada de una ciudadela y salpicada por antiguas y bellas mezquitas y madrasas, pasear por sus callejuelas es duro, sobre todo si es subida pero vale la pena el esfuerzo ya que desde lo alto de la colina se tiene una panorámica impresionante de la llanura de Mesopotamia, ya que los ríos Tigris y Eúfrates la envuelven a pocos kilómetros.

La ruta siguió por las áridas tierras que el Eúfrates riega con generosidad y da alimento a personas y animales que allí habitan desde hace miles de años, no obstante aquí se yergue la ciudad más antigua que nunca ha dejado de estar habitada, Harran, una encantadora localidad formada por extrañas casas de adobe cuyos tejados cónicos parecen termiteros, pero que en su interior se disfruta de una agradable temperatura. Comimos en un pequeño restaurante local y tomamos un té en un pequeño museo al aire libre desde donde se podían ver los restos de la ciudad varias veces destruida.

El final del día fue la legendaria ciudad de Sanli Urfa, patria de Abraham y donde se venera una cueva donde se supone vivió sus primeros años de vida el fundador del Monoteísmo. El casco antiguo de Sanli Urfa, mencionado en las antiguas escrituras de los hebreos y musulmanes, fue escenario del milagro que produjo Dios con su profeta Abraham, que al ser arrojado a una pira
encendida desde lo alto de la fortaleza del rey Nemrut, al caer el fuego, este se convirtió en agua y la madera en peces, este prodigio también se produjo con la hija del rey, Zeliha, lo que dio origen, según esta leyenda, a los dos lagos que repletos de carpas sagradas, ocupan la parte central de la vieja ciudad. Alrededor de esos lagos, se yerguen preciosas mezquitas, escuelas coránicas, minaretes, baños, bazares, puentes y una preciosa y muy bien cuidada zona ajardinada. Sin duda alguna Urfa la victoriosa, que es lo que significa Sanli en turco, sorprendió a todos por su magia, encanto y el recogimiento que sus habitantes y visitantes mostraban en su visita a esos santos lugares.

El objetivo del día era alcanzar la cima del Monte Nemrut antes de la puesta del Sol, la organización nos facilitó los waypoints y en pequeños grupos fuimos recorriendo las espectaculares pistas que poco a poco nos iban acercando a la enigmática montaña, donde Antioco I ordenó construir un extraño túmulo gigantesco con miles de piedras, adornado por colosales esculturas de piedra que representan las principales deidades del Olimpo y a él mismo, estas monumentales cabezas, se exponen en la cara Este y Oeste, con lo que la salida y sobre todo la puesta del astro rey está muy frecuentada por turistas de todo el mundo que no quieren perderse el espectáculo en un lugar que la UNESCO ha otorgado el título de Patrimonio Mundial de la Humanidad. Alcanzamos justo a tiempo este sobrecogedor paraje baldío que con sus gigantescos centinelas decapitados construidos en piedra, con gesto impertérrito muestran unas faces hieráticas que nos sorprenden ahora igual que lo hicieran en 1881 a Charles Sester, redescubrió para Occidente este singular hallazgo a 2150 metros de altura.

Una pérdida de líquido de dirección obligó a dos de los participantes a perderse el sitio y además tuvieron que pasar la noche en su tienda, el resto, con mayor suerte, pudimos alojarnos en pequeños hostales donde algunos pudimos saborear unas excelentes truchas pescadas minutos antes de ser cocinadas, espléndida cena en un lugar tan alejado de la comodidad urbana.

Por la mañana localizamos y ayudamos al vehículo averiado, llegando a la cercana población de Adiyaman, donde iniciamos ruta por carretera hacía otro punto de gran interés para el grupo, la Capadocia.

Una gran sorpresa fue el encantador hotel que teníamos reservado, una maravilla del diseño y los detalles en un entorno de indescriptible belleza.

El día siguiente, la gran mayoría de participantes recorrimos en un globo aerostático las increíbles formaciones calizas que configuran este original paisaje, creado hace cientos de miles de años por la lava y ceniza de tres volcanes cercanos y la posterior acción erosionadora de la lluvia, nieve, calor y frío.

Tras nuestra aérea aventura matutina, pudimos conocer por vía terrestre y en nuestros 4x4, por pistas y sin tropezarnos con turistas estos singulares parajes que son de todos conocidos y Patrimonio Mundial de la Humanidad.

Cenamos en el restaurante de nuestro amigo Bayran, que hace muchos años nos mostró con su afable amabilidad, las pistas de su tierra y que ahora en Territori 4x4 nos gusta recordar y repetir.

Tras desayunar en nuestro Hotel “con encanto”, aprovechamos para hacer las últimas fotos y tomar nuestros 4x4 para dirigirnos por carretera hacía Ankara y posteriormente a Estambul, nosotros antes de ir al Hotel, aprovechamos para visitar algunos lugares emblemáticos de la ciudad, como el Gran Bazar, Santa Sofía y la Mezquita Azul, tras lo cual fuimos a un bonito restaurante al lado del mar, donde comimos muy correctamente.

GRECIA e ITALIA De Estambul, por autopista, abandonamos Turquía y entramos en Grecia, una autovía nos hizo cruzar de este a oeste todo el país, visitando otro lugar singular y como otros muchos que conocimos durante esta expedición, Patrimonio Mundial de la Humanidad, me refiero a las Meteoras, unas moles de roca que se levantan majestuosas hacía el cielo y en cuyas cimas los monjes ortodoxos griegos construyeron antaño pequeños monasterios que hacen las delicias de los turistas actuales.

En Igoumenitza tomamos un ferry que nos trasladó, durante la noche, a Italia, por carretera cruzamos los Abruzzi, unas montañas que a pesar de no disponer de mucho tiempo para disfrutarlas nos mostraron durante nuestro recorrido por ellas una buena parte de su belleza. Por la tarde y con algún pequeño sobresalto de última hora, subimos al ferry que nos trasladaría a Barcelona, donde llegamos y nos despedimos el día siguiente.

A mí aún me quedaba otra segunda expedición, la que dentro de unos días iba a iniciar para recorrer América Central, una experiencia que a pesar del cansancio que acumulaba después de seis semanas conduciendo, me llamaba mucho la atención y tenía ganas de hacerla, pero esto será el próximo capitulo, ahora a descansar y a disfrutar de los recuerdos que este gran viaje al corazón del Asia Central nos ha otorgado. Muchas gracias a todos mis compañeros de viaje, especialmente a Albert y Jaume Ametller que sin su ayuda esto no hubiera sido lo mismo y a los ocupantes de mi 4x4, especialmente a Judit y Janna, que me han aguantado con mucha paciencia.

Un abrazo para todos y hasta pronto.

Jordi Tobeña

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